Habrá que inventarse una guarida

He escuchado el ritmo de los feriantes
poniendo precio a mi agonía;
familias de erizos en sus manos frías.

Habrá que inventarse una salida,
ya no hay timón en la deriva.

Has tenido pulso para engancharme
alistado en ejércitos suicidas.
Me adentré en el bosque y no encontré al vigía.

“No es el de la niñez,
aquellas mañanas de diciembre,
a lo largo del río,
hacia el colegio,
ni se trata tampoco de aquel otro
que te sorprendería
años después
más de una madrugada
dando tumbos.
No, este es distinto, este
da miedo:
viene
del futuro”

(Karmelo Iribarren: “Intuición del frío”)