Cartas desde Irlanda (11)

Y aquí estoy un día después del famoso día de San Patricio, abatida del cansancio. Menos mal que hoy es fiesta nacional y no toca trabajar, sino sería duro. Se agradece alargar el fin de semana un día más.

Decidimos ir sólo un día a Dublín y escogimos el domingo porque era el día más gordo y el del desfile. Total que a las nueve de la mañana salimos de Newbridge, llegamos a eso de las diez menos cuarto y como todo estaba cortado nos tocó patear, cosa que ya sabíamos. El problema es que nevaba, llovía y hacía un frío de narices. Manda huevos que el día anterior hizo un día increíble, pero ya se sabe que en Irlanda puedes tener las cuatro estaciones del año en una hora. Llegamos casi a O’conell Street, que es la calle donde estaba todo el jaleo y por donde pasaba el desfile, así que decidimos comprarnos un gorrico en un puestecico para unirnos a la fiesta como buenas “patriotas”, de la fiesta claro (jajaja). Había demasiada gente, de hecho me pregunto a que hora iría la gente para conseguir una primera fila, así que fuimos a tomarnos un chocolatico calentico mientras esperábamos a la alicantina que ya llevaba un día por Dublín de farra. Cuando conseguimos encontrarla intentamos ver algo del desfile, algo vimos pero no para tirar cohetes. Nuestros pies helados nos llevaron a comer algo y como comenzó a llover decidimos empezar con la primera guinness en el único sitio en el que cabíamos y que de hecho pudimos hasta sentarnos, Hard Rock Café. Un poco triste puesto que buscábamos un pub irlandés de esos tantos que hay en Temple Bar, pues todos abarrotados de gente, todos los seguratas diciéndonos que estaba todo lleno. Así que se nos pasaron unas horitas volando entre unas cuantas guinness.

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